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Nacida
a la sombra de un oratorio fundado por Clovis, la ciudad del
Dorat vivió y creció bajo la tutela de la iglesia.
El
régimen feudal consagró la autoridad temporal
al cabildo del Dorat, el conde de la Marcha se ve obligado
a respetar su poder.
El
Dorat se convirtió en un centro de luz y de civilizacion,
que brilló del más vivo resplandor del siglo
de San Israel y San Théobaldo.
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